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Turismo médico y de salud: una ecuación aún por ordenar

Por: Elisa López
Turismo médico y de salud: una ecuación aún por ordenar

La Cumbre de Viajes Médicos IMTJ 2017, celebrada en abril de este año en Croacia, volvió a ser un evento que siguieron muchos medios de prensa, así como directivos y funcionarios de todo el mundo que trabajan en sectores vinculados con ese segmento de mercado. Reunió a líderes de opinión y altos ejecutivos involucrados en el llamado turismo médico y los negocios de salud, y entre sus temas más debatidos estuvo la necesidad de ordenar los números globales relacionados con estas actividades en alza.

Imagino que la noticia de que ese tópico se retomará otra vez en la agenda de una cita tan importante debe haber alegrado a estudiosos e investigadores dentro del ámbito turístico, porque, aunque a estas alturas del siglo XXI es bien conocido que se está dando una tendencia creciente a viajar para solucionar problemas de salud, o buscar en otras fronteras posibilidades de tratamientos médicos, también se sabe que resulta difícil obtener estadísticas realmente confiables y seguras sobre estos movimientos.

¿Cuán grande es en verdad el mercado actual del turismo médico y de salud? ¿Qué naciones se están beneficiando más del mismo? ¿Qué puede esperarse de su evolución en el futuro? Son éstas interrogantes que en los últimos tiempos se ponen sobre la mesa en todos los eventos especializados del sector, y en las más representativas ferias turísticas del orbe, que no por gusto han abierto áreas temáticas relacionadas con el asunto en cuestión. 

Tratando de buscar respuestas, usted encontrará diversidad de apuntes y datos en esa plataforma infinita de información que es Internet. Puede tomar como referencia algunas publicaciones especializadas, como la Medical Tourism Magazine, que en varios artículos sobre estudios recientes coincide en señalar que a la industria del turismo médico se le estima una tasa de crecimiento promedio de un 25%, año tras año, durante la próxima década, y que tan solo en 2016 varias consultoras norteamericanas cifraron su valor en unos 439 billones de dólares.

De manera muy reiterada, se especifica igualmente la proyección de que en años venideros entre un 3 y 4% de la población mundial emprenderá desplazamientos motivados por ofertas específicas de tratamientos médicos y de salud, y que las demandas de asistencia sanitaria seguirán incrementándose, a partir de la realidad del envejecimiento de los habitantes del planeta.

Las indagaciones le devolverán asimismo estadísticas que indican que entre los mercados con mayores cuotas en gastos y emisión de viajes de salud destaca Estados Unidos, ahora con la sombra bien cercana de China. En tanto que en la lista de destinos mundiales más seleccionados para el turismo médico suelen aparecer, casi siempre en orden similar: Tailandia, el propio Estados Unidos, Singapur, India, Malasia, y además varias naciones latinoamericanas como México, Brasil, Colombia, Cuba y Costa Rica. (http://www.patientsbeyondborders.com/).

Sin embargo, no se asombre si en otros rankings le aparecen un grupo de naciones que también están luchando duro por ganar su trozo de pastel en este nicho de mercado, en el que se compite fuerte a partir de indicadores de medición como calidad, servicios cada vez más especializados e integrales, y sobre todo costos.

Pero no es justo la competencia creciente lo que provoca dispersión en los números relacionados con esa actividad. El tema es que en la misma participan actores muy diversos, que no siempre se encuentran conectados y comunicados, o dispuestos a brindar información sobre estos negocios: proveedores de servicios médicos, asociaciones e instituciones que pueden ser gubernamentales o privadas, comunidades médicas, hoteles, así como agentes e intermediarios de todo tipo.

Por otra parte, parece influir también el hecho de que por su “relativa novedad” este fenómeno turístico se presenta aún como una ecuación algo confusa, en la que se precisará de un poco más de tiempo y trabajo para llegar a delimitaciones y variables concretas, que puedan contribuir a organizarlo de manera definitiva.

¿Ajustando definiciones?

Por ejemplo, una confusión muy común suele darse en relación con el termalismo, o con otras disciplinas que encuentran diferentes niveles de categorización porque siempre se les asoció, en determinados países o regiones, mayormente con el turismo de wellness o bienestar, aunque en los momentos actuales se les comiencen a reconocer indiscutibles valores terapéuticos en favor de la salud.

Así, mientras en Europa los tratamientos termales cuentan, en su gran mayoría y desde hace años, con el respaldo de las instituciones oficiales de salud, siendo asignatura de la Hidrología Médica; en muchas naciones de América se les sigue catalogando dentro del ámbito de las vacaciones wellness, y como es lógico, de esa misma forma se gestionan y contabilizan.

Al respecto, con el ánimo de aportar su grano de arena en función del orden, la propia Organización Mundial del Turismo (OMT) ha intentado plantear una diferenciación entre ambos conceptos, señalando que la modalidadde bienestar se incorpora dentro de la motivación de vacaciones, descanso y ocio, estando asociada por tanto a un propósito relacionado con  mantener o mejorar la condición física, espiritual, psicológica y social del visitante, mediante el consumo de propuestas especialmente diseñadas para relajarlo y aliviarle el cansancio de la cotidianidad.

Se incluirían entre estas últimas las terapias con agua y otros elementos naturales, los enfoques holísticos, la meditación, muchas variantes de ejercicios, las comunidades de retiro, los alojamientos y prácticas ecológicos, además de un sinnúmero de tratamientos de belleza.

Mientras que el turismo de salud y atención médica, de acuerdo con la OMT, responde a una necesidad muy particular de personas que viajan para resolver un problema que involucra, entre otros, asistencia médica, cirugías,  servicios hospitalarios, clínicas, o centros de convalecencia, y en general a instituciones, equipamiento y personal especializados en brindar tratamientos que concluyan con la sanación, o aporten algo de alivio a ese paciente que está pagando por sus servicios.

No obstante, para muchos otros organismos y entes especializados de nivel global, queda claro que en la época en que vivimos, en la que parecen buscarse desesperadamente alternativas que nos ayuden a curarnos un poco de la agitación y el estrés, la depresión que se vuelve rutina, o el sobrepeso que nos ha regalado el sedentarismo; las opciones del turismo wellnes devienen en una especie de tabla de salvación, en tanto devuelven calidad de vida y ayudan a la prevención en salud.

Precisamente por eso, buena parte de ellas han pasado a figurar como un subgrupo o sub-segmento dentro de un gran concepto marco que sería el turismo de salud, al que también se subordinaría ahora el llevado y traído turismo médico.

En un mundo en el que está confirmado que envejecemos y precisaremos como nunca antes del concurso de los servicios de salud, no dude usted en que estos términos y variables seguirán conformando un rompecabezas que supongo algún día lleguemos a organizar. En función de ese empeño, vale por lo menos la intención que ya están manifestando quienes lo mueven.

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