La Habana, luces, cámara, acción

16 de Enero de 2019 12:32pm
Redacción Excelencias News Cuba
La Habana, luces, cámara, acción

Con un halo mágico resurge La Habana vista a través de un sinfín de películas que la muestran, próxima a su medio milenio, en medio del esplendor cultural, histórico y patrimonial que la han convertido en uno de los más codiciados destinos turísticos del Caribe insular.

Como en un caleidoscopio suelen brotar en la memoria de cinéfilos foráneos o del patio inolvidables imágenes de una urbe vetusta y bella, cuyas calles, templos, plazas y antiguas fortalezas han sido captadas por el cinematógrafo, momentos que celosamente guardan las bóvedas fílmicas y en los que se reafirma como merecedora del título de Ciudad maravilla.

La ciudad que desde hace más de cuatro décadas acoge los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano ha sido un objetivo, en reiteradas ocasiones, del lente de las cámaras cinematográficas desde la lejana época del cineasta Ramón Peón que inmortalizó a Rita Montaner cantando El manisero o un poco más acá con Fernando Pérez en El ojo del canario.

Cuentan los testigos de la época que la Edad de Oro de las películas mexicanas, tiene mucho que ver con La Habana, una ciudad fascinante, llena de historia, de mitos y leyendas. De esos primeros realizadores de cine hay que recordar a Juan Orol, en la década de 1930, quien dirigió a conocidas vedettes como Rosita Fornés y a bailarinas como María Antonieta Pons, Ninón Sevilla y Meche Barba, y a cotizados actores como Pedro Infante, Pedro Armendáriz y Tin Tan.

La Habana exhibió 50 años atrás sus mejores galas para lucir radiante en la película Memorias del subdesarrollo, que, inspirada en la novela homónima de Edmundo Desnoes y bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea, uno de los mejores cineastas cubanos de todos los tiempos, es considerada por especialistas y la crítica del mundo un clásico del séptimo arte.

Reverenciada por personalidades de la cultura, la política y la ciencia a lo largo de sus 500 años de un ir y venir con sobrada coquetería de dama que se sabe hermosa, el mundo del celuloide irrumpió en su bregar cotidiano como en Suite Habana (2003), de Fernando Pérez, un confeso y empedernido admirador de la ciudad a cuya arquitectura el escritor Alejo Carpentier le prodigó sus mejores elogios en La ciudad de las columnas, una de sus más conocidas obras.    

Rodar en la capital cubana fue el sueño de muchos cineastas deslumbrados por la belleza de la vetusta urbe. Entre estos figuran el estadounidense John Sturges que dirigió a Spencer Tracy en El viejo y el mar (1958), basado en la obra homónima de Ernest Hemingway. Sydney Pollack en 1990 anheló filmar Havana, un melodrama protagonizado por Robert Redford y Lena Olin que, debido a impedimentos de Washington, tuvo sus escenarios de Santo Domingo.

Admirada por actores y cineastas La Habana acogió bajo sus portales, como para guarecerlos del fuerte sol y las lluvias tropicales a personalidades del mundo del celuloide, entre estas Ava Gardner, Marlon Brandon, Frank Sinatra, Geraldine Chaplin y a Graham Greene, el último director del largometraje Nuestro hombre en La Habana (1959), con Alec Guinnes en el protagónico.

Sara Gómez, fallecida en la flor de su juventud incursionó en los barrios de la periferia habanera con De cierta manera (1977) en tanto Pastor Vega con Habanera (1984) reflejó otros escenarios más acomodados de la capital cubana, en los que también se desempeñó la alemana Hanna Schygulla en el film Me alquilo para soñar (1991), dirigido por el brasileño Ruy Guerra,  basado en una novela de Gabriel García Márquez, en tanto el argentino Fernando Birri escogió un poblado cercano a El Mariel para su película Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988).

La vieja ciudad de antaño, llamada intramuros, caracterizada por un barroquismo peculiar que la distingue de otras ciudades del continente, asoma curiosa y amorosa en la cinta Fátima o el Parque de la Fraternidad (2015), que dirigida por el actor Jorge Perugorría y basada en el cuento homónimo de Miguel Barnet, cuenta la historia de un joven gay, nacido en la provincia y emigrado a la capital de la nación caribeña que lo hechizó desde la adolescencia.

Un paraíso bajo las estrellas (1999), comedia musical de Gerardo Chijona, otra coproducción con España, rinde a los pies del cineasta al espectador que al final del film quedará encantado con las luces, música y artistas que muestran sus dones en el cabaret Tropicana, algo muy especial en el panorama nocturno de la codiciada urbe antillana llena de colorido y simpatía.

Entre esos lugares que perpetúan escenas clásicas, inolvidables, en su mayoría lugares entrañables para los cubanos y en especial para los habaneros, figura el Malecón habanero, parte indisoluble de la vida de los capitalinos. El amado muro que parece ser acariciado por el mar aparece en múltiples largometrajes, entre estos Memorias del subdesarrollo (1968), incluido por el New York Times como uno de los 1,000 mejores del siglo XX en una selecta lista.

Clandestinos (1987) retrata la vida en la capital cubana de un grupo de combatientes contra la dictadura de Fulgencio Batista, en tanto las escenas finales y más conocidas del largometraje Cecilia Valdés (1982), basada en la novela homónima de Cirilo Villaverde, muestran una plazuela erigida en los antiguos límites de la antigua Habana y su muralla, donde se alzan la Loma del Ángel y la iglesia del Santo Ángel Custodio y una pequeña plaza del mismo nombre.

Coppelia o la catedral del helado, es la mayor heladería de Cuba y sin dudas la más conocida. sita en pleno corazón de El Vedado capitalino, fue escenario donde se filmaron dos escenas de la afamada película Fresa y Chocolate (1993), precisamente donde se conocen y despiden los personajes protagónicos, en tanto La tragicomedia La muerte de un burócrata (1963) permite al espectador asomarse al Cementerio de Colón y admirar esa joya de la arquitectura cubana.

En fin que también en el cine todos los caminos suelen conducir a La Habana, que se yergue elegante y con orgullo muestra sus vetustos y eclécticos edificios que al decir del novelista Alejo Carpentier brindan una impresión de paz y de frescor. La Habana, cual novia eterna está lista para en cualquier instante rendir con su belleza y atractivos al más exigente cineasta.

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