La leyenda del agua de Santa María del Rosario

La leyenda del agua de Santa María del Rosario

Apenas a 25 km del centro de La Habana se ubica la Villa de Santa María del Rosario, sobre los cimientos donde antiguamente se encontraban el ingenio Quiebra Hacha y el corral Jiaraco, propiedades de José Bayona y Chacón, primer Conde de Casa Bayona. Fundada el 4 de abril de 1732 en virtud de la Cédula Real expedida por el Rey Felipe V de España, una de las cuatro ciudades condales que disfrutó de ese honor concedido por monarcas españoles, estaba situada en una pequeña meseta bordeada de arroyos, en medio de un hermoso valle, en el actual municipio del Cotorro.

La topografía de este lugar condicionó la configuración del poblado, que fue creciendo en una combinación armónica entre arquitectura, urbanismo y vegetación, aunque su elemento más sobresaliente, su sello de renombre y su riqueza mayor son los manantiales de aguas sulfurosas, con reconocidas propiedades terapéuticas y que constituyen su más grande potencial de desarrollo económico.

Aquí quedó constituido por suscripción popular, en 1830, el primer balneario, que le ha dado fama y prestigio universal a Santa María del Rosario, enclavado en un entorno cuyo paisaje, sosiego y microclima resultan también una eficaz medicina para el espíritu. Los valores arquitectónicos de la edificación, con su amplio portal de arcadas de medio punto, son significativos.

Caracterizada por la rústica belleza y la rica historia, en su conjunto urbano destacan el mirador de La Loma de la Cruz, testimonio de la lucha de los vegueros de Jesús del Monte y sus negros esclavos, de la feroz represión que sufrieron los sublevados y símbolo de escarmiento; así como la Catedral de los Campos de Cuba, construida entre 1760 y 1766: Monumento Nacional de indiscutible valor arquitectónico, pictórico, escultórico y religioso donde fuese bautizado, en 1764, el primer científico cubano graduado en medicina, el doctor Tomás Romay Chacón.

La austera fachada de piedras de cantera, levantada sin adornos frente a la nave de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario junto a su campanario, contrasta con la exuberante riqueza del interior. El gigantesco altar posee columnas salomónicas recubiertas de oro, hojas de acanto entretejidas y guirnaldas barrocas.

En el alfarje del crucero de la iglesia se aprecian cuatro cuadros imprescindibles para la historia de la plástica cubana donde se entrelaza la temática religiosa que caracterizó la pintura cubana del siglo XVIII: Santo Domingo y la Noble Familia de Casa Bayona, La Rosaleda de Nuestra Señora, La donación de Nuestra Señora a Santo Domingo y La Glorificación de Santo Domingo, salidas de la mano de quien es considerado el primer pintor cubano del cual se tenga referencia cierta, José Nicolás de Escalera.

PODERES MILAGROSOS

Cuenta la leyenda que allá por el año 1727 Don José de Bayona y Chacón, primer Conde de Casa Bayona, enfermó de la gota y que cada día un esclavo cargaba barriles de agua de cierto manantial ubicado en las inmediaciones del ingenio Quiebra Hacha y Corral Jiaraco hasta su casona en La Habana, que hoy alberga el Museo de Arte Colonial, en la Plaza de la Catedral. Lo hacía el siervo con el propósito de sanar a su amo, tal como había curado en más de una ocasión las fatigas del trabajo diario a sus hermanos de la dotación.

Tras ese hallazgo, el sitio se convirtió en el lugar de retiro medicinal de la aristocracia habanera, y hasta bien entrado el siglo XX acudían allí personas de todo el mundo para sanar sus afecciones.

Las aguas minero-medicinales de Santa María del Rosario son de larga tradición. Tanto es así que ya en 1880 la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana certificó dos tratamientos terapéuticos que se aplicaban a diferentes patologías. De extraordinaria calidad terapéutica, están clasificadas entre las del tipo bicarbonatadas sódicas ideales para ser utilizadas en forma balneológica e hidropínica para el tratamiento en régimen ambulatorio de afecciones como la artritis, artrosis, reumatismos, o como las gastritis, enteritis, distonías vesiculares y disfunciones del hígado y otras patologías.

La primera personalidad cubana que publicó datos y comentarios de las aguas de Santa María del Rosario fue don Francisco Vidal Reinosa, quien ejerció durante varios años su profesión de médico en la comarca. Posteriormente el doctor Federico Horstman y Cauto, catedrático de la Universidad de La Habana, practicó análisis cualitativos, lo cual posibilitó que en 1872 su colega Juan García Zamora estableciera una memoria topográfica médica sobre el pueblo y sus baños.

Los estudios iniciales acerca de la calidad del agua de este centro se deben al doctor Julio López Rendueles, quien fuera jefe del Laboratorio del Instituto de Hidrología y Climatología Médica, que dirigía el doctor Víctor Santamarina, el cual se encargó de realizar las investigaciones físico-químicas y bacteriológicas.

Texto publicado en la Revista Excelencias

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