La primera plaza que tuvo La Habana

28 de Diciembre de 2018 3:07pm
Redacción Excelencias News Cuba
La Plaza de Armas de La Habana

La Plaza de Armas solía ser el alma de la Villa de San Cristóbal de La Habana siglos atrás. Relatan los libros que los vecinos llegaban hasta ella para reunirse y tomar cualquier decisión.

A toque de tambor, era en La Plaza de Armas donde se pregonaban las noticias y las nuevas leyes. Fue este el primer espacio público de la ciudad y llega hasta hoy como la plaza más antigua e importante de la urbe.

Construida poco tiempo después de la fundación de La Habana, es sin dudas, uno de los espacios más espectaculares del Centro Histórico de la ciudad y no solo porque haya sido el primer punto político y administrativo de la habana. Inicialmente fue una plaza pequeña y asiento de las primeras casas de la villa, generalmente de madera y guano. Y lo fue también de la primera construcción sólida de la ciudad: el Castillo de la Real Fuerza.

Desde el siglo XVI, las Actas Capitulares del Ayuntamiento explicaban la necesidad de ampliar su espacio. Es así que se decide derrumbar las casas a su alrededor y convertirla en el espacio para ejercicios militares de la guarnición. Por casi dos siglos, aquí confluyó el poder religioso, político y militar.

Con el tiempo, la plaza fue cambiando su fisonomía y llegó a transformarse en centro cívico, al rodearse del Palacio de Correo, la Casa de Gobierno, los palacios de algunos nobles y El Templete, construido en 1828 para conmemorar la fundación definitiva de La Habana en el año 1519, cuando se celebraron la primera misa y el primer cabildo.  

La Plaza de Armas ha mantenido su perímetro original aproximadamente. Sus cambios han sido otros. Su trazado evoca el de las plazas fortificadas de Europa medieval y en su perímetro se hallaban las sedes de las autoridades civiles y militares en la época colonial y la iglesia parroquial de la urbe. Se le conoció como Plaza de la Iglesia, Plaza Mayor hasta que finalmente se le denominó Plaza de Armas, por destinarse a ejercicios militares.

En 1834, bajo el mandato del Capitán General de la Isla, en ese momento, Miguel Tacón, se remodeló y se le agregaron fuentes y áreas verdes. Solía estar aquí la estatua del Rey Fernando séptimo que fue sustituida en 1955 por la de Carlos Manuel de Céspedes y tras varios procesos de restauración, se hicieron ajustes en el mobiliario y el pavimento, se colocaron rampas y letreros en sistema braille.

Es la primera de las cinco plazas que conforman el centro histórico. Y al igual que las otras cuatro, la Catedral, San Francisco, la Plaza Vieja y la del Cristo, esta también tiene sus leyendas. Quizás de la que más se habla es sobre la existencia de la calle de madera. La voz popular ha estado contando que el Capitán General de la Isla mandó a cambiar los adoquines originales por unos de madera debido a que le molestaba el choque de las botas de los soldados mientras ensayaban con los adoquines. Una vez, ubicados los de madera, él podía dormir su siesta.

Y es que esta plaza, como La Habana misma, tiene leyendas sumamente interesantes. Llegar a ella es también reencontrarse con la historia de una ciudad que ya ha comenzado a festejar sus 500 años. Hay quienes dicen que para descubrir la urbe, siempre es mejor comenzar por aquí.    

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