Cienfuegos: 200 años de distinción y elegancia

18 de Marzo de 2019 1:09pm
Revista Excelencias
Cienfuegos: 200 años de distinción y elegancia

Por: MSc. Arq. Roxana Labairu Batista, subdirectora técnica de la Oficina del Conservador de Cienfuegos

Fernandina de Jagua, nacida el 22 de abril de 1819, es el único caso en Cuba y Latinoamérica que, bajo el dominio de la Corona Española, fue fundada como un poblado de colonos blancos por descendientes de franceses, un hecho que resume las virtudes preconizadas por la Revolución francesa y la ilustración bajo una apariencia neoclásica.

El cosmopolitismo que la distingue desde su surgimiento se expresa en la integración de franceses, españoles, norteamericanos, africanos y chinos, quienes se unieron en esta colonia convertida en villa en 1829, y ciudad en 1880, lo que nos habla del intercambio de culturas, valores humanos y conocimientos que se produjo y que se puso de manifiesto en las obras que se descifran al caminar por el Centro Histórico.

El puerto habilitado en su bahía de bolsa, Gran puerto de las Américas, definió el contacto de la ciudad con el mar, y favoreció la transferencia y el intercambio comercial que marcó funcional y físicamente la vida de Cienfuegos. La ciudad quedó más articulada con la zona portuaria gracias a la aparición del ferrocarril en 1847, lo cual marcó la estructura de la trama urbana y la identidad de cada una de las zonas que conforman el centro.

La actual Cienfuegos, una moderna y hermosa ciudad bañada por el mar, representa la consolidación de un estímulo renovador y nacionalista, nacido en el siglo XIX cubano y que fue precedido por la Francia que representaba la máxima expresión de la cultura universal. Es en la llamada Perla del Sur donde alcanzaron su materialización las ideas más modernas y logradas de la época, expresadas en la integración de su urbanismo y arquitectura en su estrecha relación paisajístico-ambiental con la bahía que la envuelve, condiciona y cualifica.

Como urbe cubana del siglo XIX, tiene como sustrato común a las demás del país, el florecimiento económico de la época, a su vez la coexistencia de forma armónica de una arquitectura académica y popular en dos siglos, que hacen de este asentamiento un todo integral, donde la escala arquitectónica de la obra individual se subordina al conjunto, haciéndolo trascender urbanísticamente, con altos valores paisajísticos, escenográficos y ambientales que se entrelazan para entregarnos un ejemplo de distinción y elegancia.

El trazado rectilíneo y ortogonal característico de los cánones geométricos del neoclásico está presente desde su fundación. Esta forma de cuadrícula generó la estructuración homogénea y compacta que marca los grandes bloques construidos. La ciudad se convierte en un paradigma constructivo por sus amplias y bellas plazas, sus paseos arbolados y porticados, los que junto a las tiras de fachadas corridas denotan un equilibrio armónico expresado en el tratamiento exterior del inmueble.

Su compactación edilicia, los espacios libres hacia las vías desaparecen, los inmuebles individuales pierden su identidad formal, sus apretadas paredes medianeras y su cinta de fachadas continuas generan esa gran unidad de formas que hacen de la Perla del Sur un caso sui géneris, excepcional, en el urbanismo cubano del siglo XIX.
Molduras de múltiples formas y motivos; pilastras, guardapolvos, trabajos en hierro (rejas, guardavecinos, barandas), vitrales y lucetas de variados colores, están presentes en la mayoría de sus edificaciones. Este proceso constructivo con clara evidencia de la tipología constructiva tradicional y bajo el neoclásico vigente se inició a principios del siglo XIX y culminó en la primera mitad del siglo XX, período que se ve favorecido por un elegante eclecticismo de corte clásico que inunda la ciudad y la cualifica, al tiempo que recibe renovados elementos de códigos formales como el Art Decó que se integra al conjunto heredado y, en menor escala, como el Art Nouveau (en interiores principalmente) que no distorsionan la fisonomía existente sino que propician la apreciación de los mejores exponentes de la arquitectura civil y doméstica fuera de la capital del país.

Están presentes en su arquitectura los elementos tipológicos de los siglos XIX y XX: la línea de fachada corrida en forma de bloques sin portales (excepto en plazas y paseos) con predominio del alto puntal, las paredes medianeras; amplias puertas claveteadas a la española, de tabloncillos o de tableros sencillos con molduras; ventanas con persianería francesa o a la española, con postigos o sin ellos; lucetas y medios puntos de cristalería coloreada con diferentes formas y motivos. Estas cintas de cantos, mampuestos y ladrillos denotan un orden y equilibrio regulado por pilastras, molduras, guardapolvos, cornisas, jambas y pretiles, en las que la integración de ambos siglos se logra por las múltiples variantes que se presentan bajo la influencia clásica, lo que permite una simbiosis que hace percibir el conjunto como un todo orgánico de alto valor monumental.

Dentro de las zonas de mayor interés desde el punto de vista urbano se destaca la antigua Plaza de Armas (actual Parque José Martí), situada en el núcleo de esta área de interés monumental, la que, junto con las edificaciones que la rodean, adquiere un peso importante en la urbanística del Centro Histórico de la ciudad.

Paralelamente y de forma lineal, sobresale el Paseo del Prado (actual calle 37) por su ubicación estratégica como verdadera columna vertebral de este asentamiento, apoyado por sus valores ambientales y sus inmuebles de alto valor constructivo y tipológico; al contar con un portal público corrido en toda su  extensión, representa toda una galería techada que, desde el punto de vista urbanístico refuerza su carácter como área de intercambio social por excelencia y elemento distribuidor del tránsito víal y peatonal de la ciudad, enlazándola de Norte a Sur.

OBRAS DESCOLLANTES

Existen ejemplos de arquitectura que se descuellan por su escala, proporciones y valores constructivos, entre los que resaltan: los inmuebles del entorno del Parque José Martí, entre los que alcanzan un tratamiento formal, acorde con su situación excepcional, la Santa Iglesia Catedral Purísima Concepción, el Teatro Tomás Terry, el Casino Español, el Mesón Palatino, así como el Palacio Blanco, la Casa de los Leones, el hotel La Unión,  la Casa-Almacén del comerciante español José García de la Noceda, y el edificio de la Aduana, todos bajo la corriente neoclásica que primó en la centuria decimonónica.

El siglo XX se manifiesta con un eclecticismo sometido a la cláusula clásica debido al arraigo que tuvo el neoclásico aquí, en la que aparece una arquitectura con profusión de pórticos columnares, frontones y cúpulas (en los inmuebles más representativos) de elementos decorativos en las fachadas que exteriorizan abundantes pilastras, variados tipos de capiteles, medallones, guirnaldas, ménsulas, pretiles con gran riqueza de celosías y remates, lo que ha incidido en la reinterpretación de un clasicismo mantenido como leit motiv del fenómeno constructivo perlasureño. En este caso los principales representantes son: el Palacio de Gobierno (actual sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular), el Colegio San Lorenzo, el Obispado, el Palacio Ferrer, el antiguo Liceo, las casas de los patriotas mambises Emilio y Federico Fernández Cavada y la que fuera propiedad de Darío Méndez, por citar algunos de los más relevantes del siglo XX.
No obstante a la forma descollante del eclecticismo en las primeras décadas del  XX, cuando el Centro Histórico adquiere su mayoría de edad en la arquitectura y calidad ambiental, están presentes las obras edilicias del Art Decó, que bajo su propio estilo se incorporan al ambiente reinante en el área, así como la naciente arquitectura racionalista que no consigue demostrar su valía en cantidad y calidad en este espacio ya consolidado y reconocido de la ciudad, todas ellas envueltas por el mar y sus tradiciones marineras que le otorgan un sello de distinción.

El Centro Histórico Urbano Cienfueguero, Monumento Nacional, es la zona que, desde su trazado urbano e inicial organización, resume las diferentes épocas, ofrece procesos creativos arquitectónicos y de técnicas constructivas; permite apreciar las experiencias del hombre que lo habita, sus aspiraciones, costumbres y formas de vida que lo singularizan en el contexto nacional. Ha funcionado como contenedor de los procesos creativos, arquitectónicos y de técnicas constructivas, refleja las costumbres, forma de vida, cultura material y espiritual que lo singulariza.
Las manifestaciones de un patrimonio intangible o inmaterial de gran interés reafirman los méritos de este territorio en el que nace el más famoso e importante músico popular cubano de todos los tiempos: Bartolomé Maximiliano Moré (Benny), quien le cantó su inigualable «Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí».

El mensaje auténtico del patrimonio monumental cienfueguero se obtiene por la unidad ambiental presente en la inmensa cifra de inmuebles que en plena simbiosis con el mar, le confieren su verdadero impacto sociocultural; conforma el símbolo de la identidad física y espiritual de la Perla del Sur, para los que la viven, usan y disfrutan o para los que la visitan y se convierten luego en asiduos admiradores de sus encantos.

Cienfuegos, como conjunto urbano, se presenta como un valioso exponente de la universalidad de la cultura. La demasía de códigos y símbolos arquitectónicos, sus caprichosas formas de insertarse en una totalidad a partir de la diversidad de elementos del eclecticismo, la tridimensionalidad lograda en el planeamiento urbano y sus altos niveles de conservación con su política de uso del patrimonio lo hacen considerar el primer y excepcional ejemplo de un conjunto arquitectónico representativo de las nuevas ideas de modernidad, higiene y orden en el planeamiento urbano desarrollado en la América Latina del siglo XIX.

Quien camina por las calles de la «Ciudad de las Cúpulas» o de «La ciudad que encanta», puede admirar un pasado y un presente que revelan formas y estilos que hacen de la urbe una metrópoli con personalidad propia, uno de los principales argumentos por lo que es reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

TEXTO TOMADO DE LA REVISTAS EXCELENCIAS

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