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Una ojeada al juguete de la Colonia en Cuba (+Fotos)

Por Redacción Excelencias News Cuba
Una ojeada al juguete de la Colonia en Cuba

Una visita al Museo de Arqueología, muy cerca de la Plaza de Armas, en La Habana, permite retroceder en el tiempo y hurgar, en este caso, en el universo del juguete en la ciudad desde el siglo XVI, con la premisa de que estos objetos no tributaron sólo a las necesidades lúdicas de los niños, sino que algunos pertenecieron a novicias o fueron posiblemente piezas asociadas a ciertas festividades.

En este último grupo se ubican tres silbatos de barro, datados del siglo XVI y hasta el momento las piezas más antiguas de la colección. Recrean cabezas humanas de rasgos africanos, una característica única dentro de los objetos de su tipo encontrados en sitios arqueológicos habaneros.

Dos de ellos proceden de lo que antiguamente fuera el Palacio de los Condes de Santovenia, hoy el hotel Santa Isabel, contiguo a la Plaza de Armas, y el otro de una casa en la calle Mercaderes, también en La Habana Vieja.

Su función social se presta a dudas, pudieran haber sido usados por niños o ser artículos de fiesta empleados por los negros durante jolgorios religiosos como el Corpus Christi, en el cual, según la investigadora cubana Virtudes Feliú, “los negros horros o libres participaban desde 1573 en la procesión”.  

Otros hallazgos de este cariz se incluyen en la colección, como los silbatos de agua, conocidos también como canarios, jilgueros o pajarillos porque al soplar la pieza llena del líquido se produce un sonido similar al trinar de las aves.  Hay evidencias de silbatos en la Península Ibérica desde tiempos islámicos, muchas veces asociados a la cacería (reclamos de caza).

Antonio Quevedo, director del Museo de Arqueología, y quien junto a la museóloga Ivalú Rodríguez publicó un estudio sobre los juguetes y fabricaciones de cerámica de pequeño formato en sitios arqueológicos habaneros, precisa:

-Tenemos que recordar que el alfarero producía objetos para uso doméstico y a su vez hacía piezas similares, pero en miniatura con la finalidad de entretener a los niños en concordancia con los valores que la sociedad inculcaba a hembras y varones.

En excavaciones en casas habaneras suelen aparecer junto a enseres de uso familiar, otros en miniatura. Puede tratarse de platos, cántaros u otras vasijas. Asimismo, se han encontrado fragmentos de muñecas, soldaditos, canicas o bolas y silbatos de diversos diseños. Se exhiben también en el museo pequeños animales de cerámica (un caballo, una cabra, un carnero y un toro), que bien pudieron tener una función lúdica, ser un adorno, o formar parte de los llamados nacimientos que se montan desde siglos pasados para la navidad, y de cuya comercialización la prensa ofrece testimonio.

Hay que recordar que las grandes casas productoras de cerámica como Limoges y Sèvres, en Francia, y Meissen, en Alemania, hacían ya también miniaturas, sobre todo cuando toman fuerza las casas de muñecas, que eran una reproducción muy minuciosa de la vida doméstica de las clases altas de la sociedad.

¿Qué detalles puede ofrecer de las muñecas que se exhiben?

Son destacables las llamadas muñecas de China, cuya cabeza, hombros y extremidades eran de cerámica, y a menudo las comercializaban sin el tronco con el fin de que las niñas se los confeccionaran, lo que remite a una sociedad que estimulaba las labores manuales en niñas y mujeres. Hay una pieza completa en la Casa de la Obra Pía, en La Habana Vieja.

También tenemos Charlottes congeladas, figuritas de porcelana dura a las cuales se les llamó también muñecas centavo, porque a partir de la Revolución Industrial llegaron a ser muy baratas. Su nombre proviene de una canción norteamericana sobre una niña que durante un viaje en trineo y con el fin de lucir su vestido, desestimó los consejos de su mamá a propósito del abrigo, y murió helada. Tuvo su versión masculina con los Charles congelados. Son juguetes ligados a una educación rígida e intimidatoria.

Y hay restos de muñecas de biscuit. En el Museo de Arte Colonial se conservan dos de estas muñecas alemanas, fechadas hacia finales del siglo XIX o principios del XX.

¿Hay estudios en Cuba al respecto?

Se han investigado mucho los juegos tradicionales como la gallinita ciega, la prenda escondida y otros, pero el juguete es un tema poco explorado. Ya hoy podemos considerar como piezas valiosas incluso juguetes de los años sesenta y setenta del siglo pasado, porque sencillamente no se fabrican.

Para estudiar los juguetes de la Cuba colonial hay que remitirse a los escritos de Julián del Casal sobre la Casa del Hierro, en la calle Obispo, donde había una juguetería y él hace una descripción maravillosa de los divertimentos que se comercializaban allí procedentes sobre todo de Turingia, en Alemania. Asimismo, hay que leer en la Edad de Oro, la descripción que hace Martí del cuarto de la niña en el cuento “La muñeca negra”. Claro, se trata del universo lúdico de niños de clases altas.

¿Desde cuándo se realizan excavaciones en el Centro Histórico de La Habana?

A partir de 1968 un equipo de la Academia de Ciencias realizó excavaciones en la Casa de la Obra Pía, y el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, dirigió otras en el Palacio de los Capitanes Generales. Pero como una práctica sistemática las excavaciones aquí se realizan desde hace 30 años, cuando se creó el Gabinete de Arqueología.

¿Además de esta colección, que como es natural irá creciendo con las excavaciones, qué otros atractivos tiene el Museo de Arqueología?

Hay una sala dedicada a los vestigios de las culturas aborígenes en Cuba; tenemos mayólicas españolas; la porcelana china; la mayólica mexicana, principalmente de la ciudad de Puebla de los Ángeles; la cerámica francesa; la cerámica Delf holandesa; mucha loza inglesa; los azulejos, que contemplan una rama muy estudiada por especialistas del Gabinete y del Museo; las piezas de vidrio, y se van a reabrir las salas de Perú prehispánico, y de Mesoamérica y Ecuador. El museo se está ampliando, abarcará varias casas y está previsto que tenga alrededor de veintisiete salas.

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