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Los héroes anónimos del accidente aéreo en La Habana

Por Jorge Coromina Sánchez (Caribbean News Digital)
Los héroes anónimos del accidente aéreo en La Habana

Han pasado tres días del lamentable accidente aéreo en La Habana que cobró la vida de más de 100 personas, entre pasajeros y tripulación. Desde entonces, las informaciones no han cesado.

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Se conoce de las acciones de los cuerpos de rescate, de los médicos y paramédicos, de los bomberos, de las fuerzas del orden. Se tienen detalles de los trabajos en el Instituto de Medicina Legal y el tratamiento a los familiares de las víctimas. Todos seguimos los partes médicos de las tres sobrevivientes que permanecen hospitalizadas.

Pero, ¿qué sabemos de las decenas de ciudadanos que llegaron al lugar del siniestro sólo instantes después de caer la aeronave? ¿Quiénes son esos socorristas anónimos?

Caribbean News Digital llegó este domingo hasta las inmediaciones del lugar donde cayó el fatídico vuelo de Air Global que nunca llegó a su destino. Allí conversó con dos cubanos de a pie, vecinos del lugar, trabajadores, que dejaron sus labores y corrieron a ayudar en lo que pudiesen.

Luis Felipe Despaigne Martínez, ayudante de albañil, vive a escasos cien metros del lugar exacto donde cayó el Boeing 737 el pasado 18 de mayo después de haber despegado del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana.

Acostumbrado al constante movimiento aéreo por la proximidad al aeropuerto y conocedor del rumbo que siempre toman las aeronaves tras el despegue, le resultó raro escuchar el ruido tan cercano de un avión. Cuando alzó su cabeza, se percató de inmediato que la aeronave tenía problemas evidentes y que ese no era un rumbo habitual.

Instante después, la explosión sacudió el lugar y Luis Felipe observó cómo las llamas y el humo se alzaban por encima de los árboles, justo detrás del Centro de Atención a Colaboradores del Ministerio de Salud Pública donde labora su hermana de crianza, Leonor Guisado Céspedes. Estaba tomándose un receso después de haberse pasado toda la mañana “poniendo bloques” en una casa cercana.

“Mi primera reacción fue cargar a mis sobrinos y llevarlos corriendo para dentro de la casa. Luego vi a mi hermana que salió llorando cuando vio que todo se puso negro por el humo”, relata Luis Felipe con esa infinidad de gestos propios del hablar de los cubanos.

Después de dejar a los niños a salvo en la casa, nuestro entrevistado corrió hasta el lugar del siniestro para ayudar a socorrer a los posibles sobrevivientes.

“Lo primero que vi fueron los cables del tendido eléctrico en el suelo y la parte trasera del avión a un lado de la línea del tren. Más adelante estaba otro pedazo del avión, lleno de candela por todas partes y un señor mayor que pedía a gritos que entraran a ayudar a los pasajeros”, prosigue diciendo Luis Felipe.

En medio de tanto dolor, destrucción y muerte, es posible que Luis Felipe pueda cantar victoria dentro de un tiempo, pues ayudó a sacar a una de las tres sobrevivientes que hoy luchan por sus vidas en el Hospital Universitario Calixto García de la capital cubana.

“La última joven que se llevaron, a la última que montaron en la ambulancia, había dos personas junto a ella que me pidieron que los ayudara a subirla a la ambulancia. Me entró como una fuerza rara por todo el cuerpo y casi la cargué yo solo para meterla en la ambulancia. Esa yo sé que se va a salvar, ya tú verás”, narra este valiente hombre de pueblo.

Luis Felipe asegura que debió haber permanecido en el lugar del accidente, ayudando y socorriendo, aproximadamente una hora, hasta que las fuerzas del orden comenzaron la lógica evacuación de los civiles que se encontraban allí.

“Yo había venido para la casa a calentarme el almuerzo y entré a la cocina para lavarme las manos. Pero en ese momento sentí un estruendo tan grande, pero tan grande, después de un ruido extraño, que no es normal en los aviones, y lo único que atiné a hacer en ese momento fue a taparme la cabeza porque sentí que el avión me iba a caer encima de la casa”, relata Leonor Guisado Céspedes, hermana de crianza de Luis Felipe y trabajadora del Centro de Atención a Colaboradores del MINSAP, que dista apenas 50 metros de la puerta de su vivienda.

Al igual que Luis, Leonor corrió hacia el lugar de los hechos para ayudar en lo que fuera posible. “Después que me compuse del ruido y la explosión, salí corriendo por el camino de tierra para ir a salvar vidas. Yo fui de las primeras personas en llegar e inmediatamente después vi una multitud de gente que venía corriendo por el mismo camino hacia donde yo estaba parada”, cuenta Leonor con visible nerviosismo. “Le pedí a todos los vecinos y a los trabajadores de mi centro laboral que salieran para que ayudaran, y así mismo fue. Todo el mundo salió a ayudar”.

Por el camino que tomaron Luis y Leonor para llegar al lugar del accidente, la primera imagen que se apreciaba era la cola del Boeing 737. Allí se detuvo hasta que los trabajadores de un vivero cercano le dijeron que les indicara a los bomberos que corrieran hacia el lado opuesto de la vía férrea donde yacían otros restos de la aeronave.

“Cuando yo los vi a ellos tan desesperados llamando a la gente para que fueran para allá, fui hasta donde estaban los bomberos y les dije: ‘Bomberos, policías, corran hacia el otro lado de la línea del tren que parece que hay vida allá, ¡vamos, vamos, vamos!’. Y fue entonces que pasaron hacia el otro lado a apagar el fuego y cortar las matas para poder entrar”, dice Leonor.

Según la testigo, uno de los mayores peligros fueron las constantes explosiones que se sucedieron después de precipitarse la nave a tierra. Aun así, y sin tener experiencia en la extinción de incendios, Leonor también ayudó al cuerpo de bomberos a arrastrar las mangueras.

“Yo sentía que alguien me necesitaba allí, que tenía que ir corriendo para allá a ayudar a los pasajeros, y por eso fui”, concluye Leonor.

Mejor epitafio para esta nota, imposible.

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