Liliet Orozco: la raíz de una compañía y el nacimiento público de Orozco Contemporáneo

Redacción Exce…
03 February 2026 2:12am
Liliet Orozco: la raíz de una compañía y el nacimiento público de Orozco Contemporáneo

Orozco Contemporáneo no aparece como una etiqueta ni como un gesto tardío de visibilidad. Aparece como consecuencia: como formalización de una trayectoria que ya operaba —en la técnica, en el método, en la escena— antes de tomar nombre institucional. Si hoy la compañía se dispone a una exposición mayor y a un primer artículo que la defina “como tal”, es porque el proceso previo ya existe: dos años atrás se habló de Liliet Orozco por un proyecto específico realizado en Cuba, pero ahora se enuncia la estructura completa, con identidad, visión y proyección.

Esa estructura tiene raíces precisas dentro de la historia escénica cubana. Liliet Orozco proviene del sistema de formación artística del país: de la escuela, del estudio temprano y continuo “desde pequeña”, y del tránsito profesional por Danza Contemporánea de Cuba, una de las compañías madres de la isla. En esa institución no solo desarrolla su oficio como intérprete; asume también responsabilidades de transmisión y criterio, trabajando como maître, es decir, como figura que sostiene estilo, rigor y disciplina en el día a día del cuerpo colectivo. Esta procedencia no es un dato biográfico accesorio: es la garantía de un método.

En la genealogía mayor de esa procedencia, Cuba posee un origen fundacional para su danza moderna: la línea inaugurada por Ramiro Guerra, cuya creación no fue copia periférica de una modernidad importada, sino construcción endógena de lenguaje, escuela y pensamiento coreográfico en el país. 

Liliet Orozco: la raíz de una compañía y el nacimiento público de Orozco Contemporáneo

 

Orozco Contemporáneo nace, precisamente, desde esa continuidad histórica: no para repetirla, sino para tensarla desde el presente.

La compañía se define por una palabra que no es eslogan, sino principio compositivo: convergencia. Según explica Liliet, Orozco Contemporáneo trabaja diversas líneas —lo folclórico, lo neoclásico, lo urbano, lo contemporáneo—, pero no con ánimo de exhibir variedad. El objetivo es que esas disciplinas y estilos confluyan en un todo y se decanten en una visión única. No se trata de “mezclar” lenguajes como quien los superpone, sino de someterlos a una firma: una forma de entender el cuerpo que integra, transforma y obliga a cada tradición a salir de su zona cómoda para producir unidad.

Esa unidad se sostiene sobre una premisa que atraviesa la identidad del proyecto: la relación estructural entre danza y música, especialmente cuando la música es en vivo. Para Orozco Contemporáneo, la música no funciona como acompañamiento, sino como interlocutora: una inteligencia paralela que modifica el acontecimiento escénico y demanda del cuerpo una presencia distinta, más riesgosa y más verdadera.

Por eso la puesta en escena del 27 de enero, con Arturo O’Farrill en vivo, no es un simple “encuentro” con un nombre mayor del jazz. Es, en sí misma, una síntesis de los cimientos y metas de la compañía: simbiosis real entre disciplinas, apuesta por lo irrepetible, y un diálogo donde la danza no ilustra la música, sino que la enfrenta y la escucha en igualdad. En el marco de la 41 Edición del Festival Jazz Plaza, esa decisión adquiere una fuerza particular: colocar una visión coreográfica en el centro de una experiencia musical viva exige precisión, método y un sentido claro de lo que la compañía es.

Liliet subraya además que esta colaboración no es un caso aislado. Han sido varios los artistas que han decidido componer para ella o dialogar con su trabajo, desde distintos estilos. Entre ellos, Rolando Luna, quien ha compuesto para Liliet, junto a otros creadores provenientes de escenas diversas que —por empatía artística— han optado por colaborar y compartir arte como acto deliberado, no como trámite. En esa red de trabajo aparece también su vínculo con figuras esenciales de la danza cubana como Rosario Cárdenas, relación que sitúa el proyecto dentro de una continuidad real de escuela y de escena.

Así, este primer artículo sobre Orozco Contemporáneo no presenta una promesa abstracta. Presenta un origen verificable —escuela, compañía madre, función pedagógica, tradición moderna cubana— y un presente tangible: una compañía que decide exponerse con un hecho escénico concreto, con música en vivo, en un contexto de alta exigencia, y con una visión que no se diluye en la diversidad, sino que la convierte en coherencia.

Orozco Contemporáneo, en su esencia, propone exactamente eso: que lo distinto no se acumule, sino que converja; que la historia no se cite, sino que se active; y que la escena no se “muestre”, sino que ocurra.

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