Santiago de Cuba, honor al Apóstol
Algo más de quinientos años han transcurrido desde que Diego Velázquez de Cuéllar fondeó en aquella bahía protegida del sudeste de la isla Fernandina, julio de 1515, donde fundó un núcleo de población que le sirviera de capital de la tenencia de su gobierno; y como no pudo ser menos, por la fecha y lo que el Patrón de los reinos de Hispania significaba en las grandes empresas y batallas, la reconoció con el nombre de Santiago de Baracoa. De esta manera quedó ligada de por vida a Santiago de Compostela, a su fe, a su espíritu de lucha ante las adversidades y a su alma peregrina.
Santiago fue la segunda ciudad bautizada con ese nombre en el Nuevo Mundo, siendo precedida por Santiago de los Caballeros en La Española; y después de ellas numerosas ciudades adquirieron el compromiso con el Apóstol al ser llamadas como él.
A continuación, Santiago en corcel blanco y espada en mano, fue representado en todos los escudos y emblemas de la ciudad, aunque, personalmente, prefiero el Santiago Peregrino con la cruz y la venera que auxilia al peregrino en los momentos de dolor y sufrimiento, y le apoya en su caminar, como la imagen que se conserva en la sacristía, donada por el obispo Pedro Morell de Santa Cruz. Y esa imagen de Reconquista de Santiago Matamoros, fue definitiva para que el natural de la isla tuviera un cierto rechazo y olvido al pasar de los años, en favor del Ecce Homo, del que se contaron numerosos milagros y leyendas, y al que el cabildo catedralicio se empeñó en fomentar su culto a comienzos del siglo XVII.
Desde su fundación hasta 1608 fue la capital de la Capitanía General de Cuba, dependiente del Virreinato de Nueva España. Fue declarada ciudad y sede del obispado de la isla de Cuba por Real Cédula de 28 de abril de 1522, al tiempo que Santiago fue declarado también patrón del pueblo fundado en el cerro de Cardenillo, que tuvo por nombre Santiago del Prado.
Hernán Cortés fue primer alcalde de la ciudad y de allí partió hacia la conquista de Méjico. También de Santiago partió el explorador Pánfilo de Narváez, como adelantado y gobernador, a explorar las costas de la Florida.
Fue ciudad deseada por corsarios, piratas y filibusteros que navegaban el Caribe en búsqueda de riquezas. En 1554 el pirata francés, François Le Clerc, conocido como “Jambe de Bois”, Pata de Palo, saqueó Santiago de Cuba llevando un botín de ochenta mil pesos.
El Patrón, Santiago Apóstol, tuvo su gran fiesta en la que los naturales santiagueros honraron su memoria. La ceremonia oficial comenzaba la víspera del 25 de julio, día en que la iglesia católica conmemora al Apóstol, con una procesión por la tarde, que iba presidida por una imagen de Santiago Apóstol y el pendón de Castilla portado por el alférez, como era preceptivo en los ejércitos, tras ellos, todas las autoridades civiles. El recorrido, flanqueado por numeroso público, comenzaba en la Casa de ayuntamiento y finalizaba en la catedral, donde era recibida por una representación del cabildo. Después de celebrada misa solemne, la imagen del santo permanecía en el templo hasta el día siguiente, 25 de julio, que en la tarde noche regresaba de nuevo al ayuntamiento. Hay que decir que el cabildo no era el organizador de la fiesta, solo participaba en ella por ser Santiago el patrón del obispado, la organización corría a cargo de las autoridades civiles bajo las órdenes del gobernador.
Era una gran fiesta. Se engalanaban e iluminaban las casas de la ciudad. Durante la exposición de la imagen en la catedral, la población comenzaba la diversión de mamarrachos y botargas, con comparsas que manifestaban el baile y la música popular. Estas celebraciones convirtieron en tradición la fidelidad de la ciudad a Santiago de Compostela y la manifestación popular alegre del orgullo de ser criollo santiaguero.
Esos días de fiesta también llenaban a la ciudad las compañías de milicias de la jurisdicción y los hombres esclavos y libres que trabajaban en las minas de cobre del pueblo de las minas, que alguna vez aprovecharon el jolgorio para manifestar su protesta ante los gobernadores por su despotismo colonial.
Con el paso de los siglos la fiesta al Apóstol comenzó a decaer. A causa de las revueltas de los cobreros, el gobernador Juan Vaillant suspendió la celebración de mamarrachos varios años en la década de 1790. Durante el siglo XIX solo permaneció la procesión e incluso el pendón de Castilla ocupó el primer plano relegando la imagen del santo a un segundo lugar; a mediados de siglo, en la década de 1850, ya se decía que la procesión no tenía el esplendor y solemnidad de los años pasados, que pasó a ser un puro formalismo con rechazo e indiferencia por la población. Mientras esto sucedía, los carnavales que se celebraban entre el 24 y 26 de julio, fueron adquiriendo poco a poco más popularidad que la propia fiesta del Apóstol, en ellos participaban los otrora mamarrachos, y distintos grupos sociales en comparsas y bailes. Así las clases medias y el pueblo tomaron la calle para divertirse.
A pesar de ello, la procesión continuó saliendo, incluso durante los años de guerras, a veces acrecentada por el ayuntamiento por este motivo, aunque el pueblo manifestase su contrariedad por el significado de régimen colonial, que creó una reacción contraria de repulsa de los cubanos. La procesión ya relegada a su mínima expresión y limitada en su recorrido ancestral, se trasladaba a la catedral el mismo día 25 de julio, y ese mismo día la imagen del santo regresaba a las oscuras dependencias de la casa de gobierno.
El año de 1890 el ayuntamiento suprimió el presupuesto mínimo que se aplicaba a la fiesta de Santiago y no se realizó la procesión; el año de 1897 se hizo la última función; y el de 1898 no se celebró fiesta alguna al salir las tropas españolas de la isla de Cuba y ser ocupada por las norteamericanas. Ese fue el triste fin de fiesta de más de tres siglos.
Todavía bajo la ocupación norteamericana en 1899, el primer alcalde, Emilio Bacardí y Moreau, se interesó por rescatar la estatua ecuestre de Santiago Matamoros que tanto paseó las calles santiagueras, y quiso conservarla en el museo que se propuso crear, convirtiéndose así, sin quererlo en símbolo de los santiagueros por su rebeldía e hidalguía. También caló en los carnavales recuperados de 1902 y siguientes, apareciendo en distintas representaciones de las comparsas.
Santiago de Baracoa, Santiago de Cuba, tiene un deber y una obligación con Santiago el Mayor, uno de los apóstoles más queridos de Jesús, que le acompañó en los momentos más importantes de su vida, para recuperarlo como su Patrón y para honrarlo por la ayuda que de él reciben, peregrinando en su camino iniciático y devolviendo su procesión del 25 de julio, como agradecimiento.
Texto: Ernesto Lillo




