Santiago de Cuba: un destino que se recorre con los sentidos
La villa de Santiago de Cuba, a sus 510 años de existencia, es una motivación para exponer al mundo los atributos adquiridos en su evolución, hasta convertirse en la ciudad que es hoy: portadora de altos valores históricos y patrimoniales, con una cultura viva y de amplio espectro en sus manifestaciones artísticas, así como con una variada oferta de productos y potencialidades para su desarrollo turístico, tanto presente como futuro.
Santiago nació en el corazón del Caribe insular, condicionada desde su origen por un complejo proceso de evolución que la ha llevado a nuestros días con un rico y protagónico legado histórico, influyente en el devenir de la nación cubana y con notables aportes culturales.
Ubicada en la costa sur de la región oriental de la isla, rodeada por la Sierra Maestra —especialmente por las cordilleras de El Cobre, Boniato y la Gran Piedra—, la ciudad fue finalmente emplazada al fondo de la bahía, a 9 kilómetros de su entrada.
Con el paso del tiempo, Santiago se fue dibujando sobre la margen este del espejo de agua salobre, extendiéndose sobre un plano inclinado que asciende desde el nivel del mar hasta la cota 55 en su punto más alto.
Esta adaptación topográfica le otorgó atributos urbanísticos singulares, al configurarse como una ciudad mirador, escalonada y ondulante, cuya traza de calles, callejones y callejuelas articula plazas, plazuelas, iglesias y edificios públicos, generando una imagen interactiva entre lo urbano y lo natural, en permanente intercambio de perspectivas visuales.
Esta ciudad histórica se conoce y se interpreta al recorrerla, redescubriendo sus espacios y rincones, sus luces y sombras, acompañados por una arquitectura que ha sabido resistir los embates del clima y los movimientos sísmicos.
La plaza mayor, hoy parque Céspedes, es un espacio mágico y sitio fundacional donde se rememoran momentos trascendentes de la historia de Cuba.
Allí se encuentran la Catedral de Santiago y la sede del Ayuntamiento. En su perímetro puede visitarse la Casa de Diego Velázquez, fundador de esta ciudad y Gobernador de la Isla en aquel entonces.
Construida en el primer tercio del siglo XVI, es un ejemplo singular de la arquitectura morisca traída desde la metrópoli.
Actualmente funciona como Museo de Ambiente Histórico, donde se exhibe una colección de mobiliario utilizado en Cuba desde el siglo XVI hasta el XIX.
Esta joya arquitectónica es uno de los sitios más visitados por el turismo. Otros edificios de interés completan el entorno de la plaza, como el Hotel Casa Granda y el antiguo Club San Carlos.
Llegar al parque Céspedes, ocuparlo y disfrutarlo, tanto de día como de noche, posee un marcado carácter simbólico, pues al hacerlo se conquista la ciudad, al considerarse este espacio público su corazón.
Se disfruta de la retreta ocasional, la presencia de piquetes soneros, trovadores y pregoneros que marcan el latido de su uso cotidiano.
La Catedral, siempre presente, invita por su posición y empaque a ser visitada. Se presenta como un edificio de grandes proporciones, construido sobre horcones o pilares de madera, con una amplia techumbre de cinco naves y una cúpula mayor, también de madera.
Su Coro de los Canónigos, elaborado en maderas preciosas con múltiples decoraciones barrocas, sus altares, el órgano y la imaginería interior completan el atractivo de esta.
Las calles ofrecen un diálogo especial con el paisaje urbano y su arquitectura, en un ambiente de ciudad cultural y viva.
Destaca la arteria comercial y peatonal Enramadas, donde el ir y venir de sus ocupantes permite, a lo largo de más de un kilómetro, evaluar los comercios y servicios que la caracterizan.
Por otro lado, la calle Heredia constituye un verdadero eje cultural, donde la Casa de la Trova y el Salón de los Grandes son baluartes del bolero, el son y la trova, géneros musicales tradicionales de la región oriental.
Allí se invita a una escucha atenta de intérpretes, solistas y agrupaciones que mantienen vivo el ritmo y la sonoridad de guitarras, treses, maracas, claves y demás instrumentos que acompañan las composiciones que inundan la vida santiaguera.
La nueva trova, y aun la novísima, siguen un camino apegado al decir musical desde la anécdota amorosa y social, que describe sentimientos y nostalgias.
El santiaguero canta y baila siempre; es parte de su identidad y se mantiene actualizado con el panorama musical cubano, del cual es un importante aportador.
Sus autores musicales dan fe de una tradición que incluye nombres como Sindo Garay, José “Pepe” Sánchez, Miguel Matamoros y su cubanísimo Trío, Ñico Saquito, el Dúo Los Compadres, la Orquesta de Chepín-Chovén, Pacho Alonso y sus pachucos, el Cuarteto Patria, Son 14, Los Karachi, el Septeto santiaguero y muchos otros.
La jerarquía musical de la ciudad a lo largo del tiempo, la calidad de sus procesos relativos en diversos géneros y su actualidad diversa y convincente propiciaron el reconocimiento de la UNESCO como Ciudad Creativa de la Música en 2020.
Hoy, Santiago de Cuba enfoca sus esfuerzos en el fomento de las industrias creativas locales.
Gracias a sus potencialidades patrimoniales y culturales, es promotora de una serie de eventos internacionales y nacionales que estimulan la presencia de visitantes.
Entre los más reconocidos está el Festival del Caribe o Fiesta del Fuego, con amplia capacidad de convocatoria para las naciones y pueblos de la región y más allá.
Cada año está dedicado a un país caribeño, que muestra su cultura popular, religiosidad, ritos, bailes y cantos, con intensidad y pasión que se desbordan en calles y plazas. Incluye un evento teórico de especial concurrencia para intelectuales y artistas de la región.
Otros festivales se centran en diferentes manifestaciones del arte.
En la música: el Festival de la Trova Pepe Sánchez, el Matamoroson, el de Coros, Boleros de Oro y Jazz Plaza.
En el teatro: el Máscara de Caoba; en las artes visuales: el Internos de pintura mural o el Salón Oriente.
En el cine documental, el Santiago Álvarez in Memoriam genera oportunidades para el desarrollo creativo de los artistas.
Además, la ciudad posee un paisaje de una intensidad inusual, y es que a Santiago le gusta mostrarse.
Lo hace desde los muchos puntos altos que permiten apreciar el diálogo entre la ciudad histórica y el paisaje circundante, con sus dos grandes protagonistas: el mar y las montañas.
Hay una sensación de estar observando un lienzo en proceso creativo; la ciudad se presenta con sus verdes y azules naturales, y con el mosaico de edificios superpuestos, matizados por infinidad de detalles.
Le invito a visitar Santiago para que conozca su historia, el valor de su patrimonio y la fortaleza de su cultura.
Recorra sus calles y ambientes, ocupe sus plazas y parques, visite sus lugares de cultura viva, disfrute de sus sabores y aromas, tómese un trago de ron Santiago o un vaso de Prú oriental para aliviar tensiones, o recupere energías con un buen café cubano.
Autor: Omar López Rodríguez
Fotos: René Silveira Toledo




