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Cuando la lluvia es ácida, tiene consecuencias

Me pregunto cuántos lectores habrán oído hablar de la lluvia ácida. Lo cierto es que, independientemente de que lo sepa o no, todos sufrimos sus efectos. Por ello, en esta ocasión, abundaremos este interesante aspecto de la contaminación atmosférica, porque eso es precisamente lo que la ocasiona.

Cuando hablamos de “lluvia ácida” no es que se nos presente una lluvia de ácido puro caído del cielo, es lógico, de ser así no estaríamos tranquilamente hablando. Nada de eso, es la lluvia “normal” que puede caer cualquier día, solo que en su curso hacia la tierra desde la nube que la origina, se va mezclando con pequeñísimas gotas de elementos químicos y gases que se encuentran suspendidos en la atmósfera y la hacen obtener una composición ácida.

Sabemos de la Química que la acidez se mide por el pH. Es una escala que mide la cantidad de hidrógeno iónico que hay en una sustancia cualquiera. En otras palabras, mide la acidez o la alcalinidad (lo contrario) en una escala que va de 0 a 14. El agua completamente pura tiene un pH de 7, que es neutro. Pero, si es menor que 7, el agua es más ácida, y si es mayor que 7 entonces el agua es más alcalina. En ambos casos, si la sustancia llega a ser extremadamente ácida o alcalina, entonces ella será una sustancia corrosiva, e incluso podrá provocar quemaduras al contacto.

La lluvia que se produce en lugares sin grandes índices de contaminación atmosférica presenta usualmente un valor de pH entre 5 y 6, o sea, es generalmente ácida, pero mucha menos ácida que el zumo de un limón, cuyo pH alcanza un valor de 2.3. Cuando el aire se vuelve más contaminado con los óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre, la acidez de la lluvia puede ser considerable y alcanzar valores hasta de pH 3. 

Este fenómeno al que nos estamos refiriendo, el de la lluvia ácida, puede producirse de manera natural, debido a los gases sulfurosos que expulsan los volcanes, si bien esta no es su mayor fuente. La verdaderamente preocupante proviene de las actividades humanas: la industria, el escape de los automóviles, y la generación de electricidad, por solo mencionar algunas.

Chimeneas de fábricas y grandes industrias, o los tubos de escape de los vehículos automotores, que resulta de la quema de combustibles fósiles, son la causa primaria de la emisión de dióxido de azufre (SO2) y de óxidos de nitrógeno (NOX) a la atmósfera. Cuando estos se queman, puede ser carbón de piedra o petróleo, se libera azufre, que combinado con el oxígeno del aire forma dióxido de azufre (SO2); mientras que los gases liberados por el tubo de escape de los automóviles ocasionan la formación de óxido de nitrógeno en el aire.

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Las emanaciones de las chimeneas industriales y del escape de los automóviles ocasionan lluvia ácida.

Tales gases, junto a la humedad del aire, forman ácido sulfúrico (H2SO4) y el ácido nítrico (HNO3) en pequeñísimas partículas o gotas que se mantienen suspendidas en el aire, esperando a que llueva. Los vientos pueden además transportar esas partículas a cientos de kilómetros de distancia, y llegar bien lejos de la región donde se formaron. Cuando llueve en el lugar al que hayan sido transportadas estas partículas, sea sobre lugares poblados o en el campo, caen literalmente mezcladas con la lluvia, que entonces se torna ácida.

Nuestro medio ambiente puede tolerar una cierta cantidad de lluvia ácida. A menudo el suelo es ligeramente alcalino (pH>7) debido a la abundancia de piedra caliza, y entonces este factor tiende a compensar en algo la acidez llegada con la lluvia. Sin embargo, en las zonas donde el suelo no esté compuesto por piedra caliza, este se irá deteriorando poco a poco por la acidez.

Desde los tiempos de la Revolución Industrial las lluvias ácidas son un verdadero desafío para preservar el equilibrio ecológico del planeta, y se presentan en la mayor parte del mundo, sin que Cuba o el área del Caribe estén exentas de ellas.

Actualmente este tipo de precipitaciones cae en casi todo el norte y centro de Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón y China, y se extienden a países menos desarrollados como Nigeria, India, Brasil, Colombia, México, provocando efectos bastante dañinos a largo plazo.

Efectos Nocivos de la Lluvia Ácida

La lluvia ácida tiene una gran cantidad de efectos nocivos en los ecosistemas y sobre los materiales de construcción. Al aumentar la acidez de las aguas de ríos y lagos, se ocasionan deformaciones en los peces jóvenes que impiden la eclosión de las huevas. A algunos peces y a otros animales, como las ranas, les cuesta mucho adaptarse y reproducirse en un ambiente ácido.

En lo que a suelos se refiere, este tipo de precipitaciones disminuye su productividad y propicia su erosión; provoca cambios en su composición, ocasionando el desplazamiento de importantes nutrientes para las plantas (como el calcio), e infiltrando metales tóxicos, como el cadmio, el níquel, el manganeso, el plomo o el mercurio, que de esta forma se introducen también en las corrientes de agua. Asimismo, destruye grandes extensiones de bosques, genera daños a la salud humana, y reclama de los mayores esfuerzos por preservar el medio ambiente.

Algunos de los efectos más dramáticos que ocasionan estas lluvias a los bosques han sido observados en Europa; donde una investigación en Alemania mostró que ya en 1983 el 34% de estas áreas naturales habían sido dañadas por la contaminación de la lluvia ácida, mientras que en Suiza se registraba el 14%.

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Efectos de la lluvia ácida en los bosques

En cuanto a la salud humana, debemos decir que no ocasiona un daño directo. La lluvia ácida se siente y tiene el mismo gusto que la lluvia limpia. No existe diferencia alguna dado que los compuestos nocivos tienen una pequeña proporción en ella para ser notados a simple inspección. Podemos caminar bajo la lluvia ácida e incluso bañarnos en una piscina con lluvia ácida, y no pasará nada.

Sin embargo, los contaminantes que ocasiona la lluvia ácida (las partículas de sulfato y nitrato), y que pueden ser transportados a largas distancias por los vientos, al ser inhalados, llegan hasta la profundidad de los pulmones y pueden ocasionar daños. También se da el caso de que partículas finas de estos compuestos pueden penetrar en las casas junto con el aire. Hay estudios científicos que han identificado una relación entre un elevado número de partículas y un incremento en los casos de asma y bronquitis.

La lluvia ácida y la posterior deposición seca de las partículas de ácido, contribuye a la corrosión de metales (como el bronce) y el deterioro de la piedra (como el mármol y la caliza). Esto reduce significativamente el valor de edificios, puentes, automóviles y objetos culturales, como estatuas, monumentos, lápidas y capillas funerarias.

 

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Deterioro de monumentos situados a la intemperie, por los efectos de la lluvia ácida con el paso del tiempo.

Y no solo eso, las superficies metálicas como las carrocerías de los automóviles, parqueados a la intemperie, pueden sufrir los efectos de la lluvia ácida. Esta cae sobre el carro y al evaporarse el agua queda entonces el ácido actuando sobre la pintura y el metal. Quizás no sea mala idea que después de un aguacero se laven con agua limpia los vehículos y luego se sequen a mano.

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