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Desde el Amazonas al Caribe, tres décadas de una hazaña científica

Por Mía Martínez
Desde el Amazonas al Caribe, tres décadas de una hazaña científica

A bordo de diferentes embarcaciones, expedicionarios y seguidores de la obra de Antonio Núñez Jiménez trajeron de vuelta las emociones de aquel 28 de junio de 1988, cuando llegaron a la bahía habanera tras recorrer los ríos Amazonas y el Orinoco hasta el Caribe, en cinco canoas.

Tres décadas después varios de sus protagonistas reeditaron la hazaña científica.

Acompañada de varios expedicionarios, Liliana Núñez, hija del precursor de esa epopeya y a bordo de una de canoas protagonistas de aquel suceso, entró en la bahía. Gracias por estar aquí, dijo a toda voz.

Fue un gran recuerdo y un gran homenaje a Núñez Jiménez, una experiencia maravillosa el reencuentro con colegas que hacía 30 años no veíamos, dijo a la prensa después de desembarcar Ángel Graña, uno de los expedicionarios y actual vicepresidente de la fundación que perpetua la obra del naturalista y espeleólogo.

La travesía En canoa del Amazonas al Caribe arrancó en marzo de 1987 desde Misahuallí, sitio ecuatoriano en las márgenes del río Napo. Según figuran las estadísticas, el recorrido que duró un año,  fue de 17 mil 422 kilómetros, hasta la capital cubana.

El hecho se considera un encuentro cultural y científico de unidad latinoamericana por sus aportes al conocimiento del modo de vida de los habitantes de las zonas recorridas, en las márgenes de los ríos Orinoco y Amazonas.

Las canoas, que se conservan cuatro de ellas, fueron confeccionadas por nativos de los sitios visitados. En ellas viajaron unos 300 expedicionarios. Fue un congreso de sabios ambulantes, calificó el escritor colombiano Gabriel García Márquez el periplo en el prologo del texto que recopila testimonios de esta epopeya científica.

Para Liliana Núñez, también presidenta de la fundación, uno de los objetivos del viaje fue la necesidad de practicar esa ciencia y su divulgación  así como revivir el descubrimiento de América, hecho que estaba  a punto de llegar en aquel entonces a su medio milenio.

 Una gran inspiración constituyó este viaje para Núñez, dijo Liliana a Excelencias. Significó además ejemplo de trabajo, la importancia de laborar en equipo.
A su juicio, el hecho se logró con humildad para poder acercarse a cada persona o grupo, a las comunidades visitadas,  pero nunca desde una postura peyorativa, ni de soberbia.
Un seminario internacional sobre el legado de este suceso sesionó desde el lunes último con especialistas de Latinoamérica, España, Australia y Estados Unidos.

Como colofón de las actividades de la jornada clausura, tras la entrada de los expedicionarios en embarcaciones de motor y vela fue develada una tarja en el muelle de Caballería, que recordará para siempre el acontecimiento.

Investigadores suramericanos y caribeños recorrieron 22 países para comprobar lo que ya sabían desde siglos antes los pobladores originarios de esta parte del mundo: este continente es uno, y uno el pueblo que lo habita, reza la tarja.

Un festival de las artes y las ciencias cerró las festividades en las inmediaciones de la avenida del puerto habanero, con una feria de productos y servicios comprometidos con la naturaleza y su protección.

Más tarde en la plazoleta del Convento de San Francisco de Asís, los cantautores cubanos Kelvis Ochoa y David Torrens ofrecieron un concierto clausura con canciones de sus antecesores  trovadores:  Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

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